Sueños de mujer...

jueves, 4 de noviembre de 2010

Manos de angustia… (Relatos)

Manos de angustia…


La retina se me infla y caigo en un estado catatónico, las luces me son esquivas, mis latidos callan, el cuerpo liviano y volátil, las imágenes de mi cerebro me bombardean y siento un hilo de grito ahogado en la garganta…

Necesito descansar, la angustia me corroe, observo de pronto mis manos amarillas y secas, aún jóvenes, maltratadas por el descuido, el frío, el agua helada, y mis lágrimas ácidas. Las mismas manos que amaron un día, que recibieron a mis hijos, que acariciaron sus cabezas, y cayeron rendidas en la almohada de la cama. Las mismas, que un día tuvieron sueños de artista, acariciando texturas y tintes de colores, las mismas que tejieron ilusiones de idealismo y fantasía, hoy, me cubren la cara, en mi angustia y desesperación, se saber que la derrota del mundo de colores soñado no es más que un sueño arduo de conquistar…

Me voy a la cama… quizá al despertar, vuelvan los colores y este triste episodio sólo sea una amarga pesadilla.

martes, 2 de noviembre de 2010

Cuentos: Santiago en 100 palabras

Debo confesar, que no gané, pero el hecho de no haber saboreado el gusto de la victoria, me convierte en una fémina famélica que no dejará la pluma hasta encontrar la gloria, simple y grandiosa, de ver un escrito mío en letras de color masivo.



PEQUEÑO SANTIAGUINO (VERSION COMPLETA)

Metro Tobalaba combinación con Linea 1, hora peak en la mañana, los andenes repletos de gente crea  una masa humana compacta. Los trenes parten  de la estación y emiten su ruido largo como grito de viento.
Yo estoy al medio y me movilizo lentamente, tengo cuidado, dentro de mi vientre una vida late y se mueve con fuerza, me avisa que ha despertado con sus giros y saltos acuáticos… Llegamos al torniquete de salida que conecta con el ascensor, y allí esta como siempre  la señora  guardia con su sonrisa que nos saluda con simpatía.
Nunca más la vimos… Mi hijo tiene casi tres años y en sus recuerdos el ruido de los trenes lo conecta con el vientre,  y sus ojos brillan cuando ve llegar el tren a la estación; lanza un grito de emoción y sonríe: mi pequeño santiaguino está listo para su viaje fantástico de trenes y estaciones de colores.

Pequeño Santiaguino

Metro Tobalaba combinación con Linea 1, hora peak, los andenes repletos de gente son una masa humana compacta. El tren parte de la estación emitiendo un ruido largo como grito de viento.
Dentro de mi vientre una vida late,  se mueve con fuerza… Llegamos al ascensor, y allí  como siempre  la  guardia nos saluda con simpatía.
Hoy mi hijo tiene dos años, en sus recuerdos el soplo de los trenes sigue latente. Sus ojos brillan cuando  llega el tren a la estación; lanza un grito de emoción: mi pequeño santiaguino está listo para su viaje fantástico.

Una noche cualquiera

Los niños están dormidos, la esposa se va a la cama y el marido se queda hasta la madrugada en el living viendo televisión… 
A las 3:34 am el piso empieza a moverse, los muros crujen, el marido sale de su estupor y mientras la tierra ruje va en busca de su esposa e hijos.
La furia de la tierra se manifiesta y la familia corre abrazados hacia afuera mientras las torres del condominio  se mueven de un lado a otro… Gritos, llanto y  desesperación… Santiago en penumbras.
El movimiento pasa… ellos siguen abrazados, temblando: Están JUNTOS .



La tejedora

Amo tejer. Tejo en el metro, en los buses,  en las esperas de buses, en todas partes…
Mi bolso tejido es un arsenal de distintas lanas de colores. Cuando abro mi bolso es como si abriera las puertas de un mundo colorido y mágico, cuya melodía que embriaga y transporta es el chocar de los palillos entre mis dedos…  Abro los ojos, miro alrededor,  las calles y edificios me avisan que he llegado a mi destino.

Fiesta Mundialera

Seis de la mañana y los relojes empiezan a sonar.
Nos vamos levantando con un entusiasmo hilarante a pesar del frío de la noche aún instalada.
Salimos. En la avenida las luces de los autos era un desfile colorido y las bocinas tocaban música de fiesta. No importaba el sexo ni la edad, la fiesta mundialera nos teñía de colores de patria, de estrellas luminosas y vuvuzelas gritonas.
Cuando el primer gol de Chile llegó a la pantalla, el grito humano saltó a los vientos y recorrió Chile desde Arica hasta más allá de nuestras islas del Sur.