Manos de angustia…
La retina se me infla y caigo en un estado catatónico, las luces me son esquivas, mis latidos callan, el cuerpo liviano y volátil, las imágenes de mi cerebro me bombardean y siento un hilo de grito ahogado en la garganta…
Necesito descansar, la angustia me corroe, observo de pronto mis manos amarillas y secas, aún jóvenes, maltratadas por el descuido, el frío, el agua helada, y mis lágrimas ácidas. Las mismas manos que amaron un día, que recibieron a mis hijos, que acariciaron sus cabezas, y cayeron rendidas en la almohada de la cama. Las mismas, que un día tuvieron sueños de artista, acariciando texturas y tintes de colores, las mismas que tejieron ilusiones de idealismo y fantasía, hoy, me cubren la cara, en mi angustia y desesperación, se saber que la derrota del mundo de colores soñado no es más que un sueño arduo de conquistar…
Me voy a la cama… quizá al despertar, vuelvan los colores y este triste episodio sólo sea una amarga pesadilla.
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