Isidora
le confiesa a su madre una lid interna que la tortura, no hay quietud
en su alma. Se siente cansada de tomar tantos fármacos para evitar
crisis de angustia, agotada de sentirse vacía, extraña y
desprotegida:
Isidora:
“Nadie podría resistir mi angustia, a veces pienso que no vale la
pena seguir luchando, por vivir una vida que a cada instante te
recuerda lo miserable que es vivirla. A lo mejor no son cosas que
haga o deje de hacer yo, es que el capullo de la vida que me
contiene, no me abriga, no me protege... Y me deja expuesta a tantas
cosas cuya alma inmadura y cobarde como la mía es incapaz de
tolerar....
Así,
y ya después de tantas desiluciones, creo que la mitad de mi ser es
una piedra, la otra mitad, que pugna por desprenderse de las garras
de los fármacos que me tiñen de un solo color la retina, me
recuerda y me susurra muy en lo profundo de mi conciencia que ya
basta, que ya no siga luchando por algo, que sea cual fuere la
desición que yo tomase: Será un fracaso.
Mis
hermosas crías que juegan en casa no saben del triste futuro que les
ampara, y tal como a mi me sucede, el capullo de la vida no los
abribará cuando tengan deseos de ser abrigados, cuya madre no
soporta la tristeza y cuyo padre se escabulle como arena entre los
dedos.
Yo
no podría dejarlos solos a su suerte. Hay algo mejor que nos espera:
NO en esta mundana sociedad, donde el valor va asociado al dinero, a
la esclavitud de los trabajos, a acallar nuestras más sinceras
emociones. Yo soy dueña de ellos. Yo soy la que los traje a esta
vida. Yo soy la que he de liberarlos”.
La
madre de Isidora, por primera vez, no comprende.
Teme
por los pequeños niños, y no comprende las verdaderas motivaciones
o “desmotivaciones” de Isidora.
Isidora
no es más que una niña, que en su fracaso en busca de la felicidad,
quiere partir a un espacio sin guerra y desamparo, junto a sus crías
amadas, a quién ella adora y ama con todo el corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario