Sueños de mujer...

viernes, 25 de noviembre de 2011

Isidora



Isidora le confiesa a su madre una lid interna que la tortura, no hay quietud en su alma. Se siente cansada de tomar tantos fármacos para evitar crisis de angustia, agotada de sentirse vacía, extraña y desprotegida:

Isidora: “Nadie podría resistir mi angustia, a veces pienso que no vale la pena seguir luchando, por vivir una vida que a cada instante te recuerda lo miserable que es vivirla. A lo mejor no son cosas que haga o deje de hacer yo, es que el capullo de la vida que me contiene, no me abriga, no me protege... Y me deja expuesta a tantas cosas cuya alma inmadura y cobarde como la mía es incapaz de tolerar....
Así, y ya después de tantas desiluciones, creo que la mitad de mi ser es una piedra, la otra mitad, que pugna por desprenderse de las garras de los fármacos que me tiñen de un solo color la retina, me recuerda y me susurra muy en lo profundo de mi conciencia que ya basta, que ya no siga luchando por algo, que sea cual fuere la desición que yo tomase: Será un fracaso.
Mis hermosas crías que juegan en casa no saben del triste futuro que les ampara, y tal como a mi me sucede, el capullo de la vida no los abribará cuando tengan deseos de ser abrigados, cuya madre no soporta la tristeza y cuyo padre se escabulle como arena entre los dedos.
Yo no podría dejarlos solos a su suerte. Hay algo mejor que nos espera: NO en esta mundana sociedad, donde el valor va asociado al dinero, a la esclavitud de los trabajos, a acallar nuestras más sinceras emociones. Yo soy dueña de ellos. Yo soy la que los traje a esta vida. Yo soy la que he de liberarlos”.

La madre de Isidora, por primera vez, no comprende.
Teme por los pequeños niños, y no comprende las verdaderas motivaciones o “desmotivaciones” de Isidora.
Isidora no es más que una niña, que en su fracaso en busca de la felicidad, quiere partir a un espacio sin guerra y desamparo, junto a sus crías amadas, a quién ella adora y ama con todo el corazón.

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